Todos hemos podido comprobar cómo el barril de pétroleo ha sufrido unas grndísimas volatilidades, que lo han llevado desde los máximos del verano pasado a 150 dólares el barril de brent, a los 50 de esta semana (una reducción del 66%). Sin embargo, el precio de la gasolina no ha disminuido ni la mitad que lo ha hecho el barril.
Efectivamente, no es sólo una cuestión del precio del barril, ya que un alto porcentaje de lo que pagamos por la gasolina, se corresponde a los impuestos que recaen sobre la misma.
¿Por qué son tan altos los impuestos sobre la gasolina?
El impuesto sobre la gasolina puede considerarse un impuesto correctivo que pretende corregir 3 externalidades (efctos no compensados que producen los actos de una persona en el bienestar de otra) relacionadas con la utilización del automóvil:
1. La congestión: un impuesto sobre la gasolina anima a la gente a utilizar el transporte publico
2. Los accidentes: al utilizar menos vehículos las probalidades de morir en una accidente disminuyen al no poner en peligro a tantos no conductores potenciales.
3. La contaminación: eliminando los humos provocados por la quema de carburantes en ciudades.
Por lo tanto, el impuesto sobre la gasolina, nos guste o no, mejora el funcionamiento de la economía y aumenta el bienestar general, en vez de provocar una pérdida irrecuparable de eficiencia como la mayoría de los impuestos.